Un japonés muy desenfadado

Nos conocimos por motivos profesionales hace ya unos años y las cinco congeniamos en seguida. Como la vida nos ha llevado por derroteros diferentes y no queremos perder el contacto, intentamos vernos cada 5 ó 6 semanas. Por lo general, la noche empieza con una cena en algún restaurante de la ciudad, que una de nosotras se ocupa, diligentemente, de escoger y reservar. Continua en cualquier bar de la zona en el que preparen gin tonics como dios manda. Y solemos cerrar la noche bailando en algún local de Barcelona.

Está vez, Gala fue la encargada de escoger y reservar restaurante. Optó por un japonés. El Kibuka, situado en la calle Verdi de Barcelona y muy popular a juzgar por la larga cola que, pasadas las 10 de la noche de un viernes, se agolpaba en la puerta. Junto a nuestra mesa, comía un, por lo visto, famosísimo cantante español que, sinceramente, yo no reconocí hasta que, disimuladamente, Alicia tarareó su canción más popular.

Pero a lo que íbamos. Por cuestiones familiares, Gala conoce bien la comida japonesa y nos fue sugiriendo platos con mucho acierto. Para picar pedimos unos edamame, que al parecer en Japón toman como aperitivo acompañado de cerveza fría. Básicamente, son alubias de soja, hervidas dentro de su vaina y servidas con sal. Nos explicó Gala que constituyen un picoteo muy sano porque tienen un alto contenido en proteínas y vitaminas y casi nada de grasa. Vamos, nuestras aceitunas pero en versión light.

Después de éste ligero pre-calentamiento, llegaron los Uramaki –rollos con pescado y arroz-, que al parecer son la especialidad de este restaurante. Son una especie de makis a lo occidental, ya que, el alga, en lugar de cubrir el rollo, queda en la parte interior. Empezamos pues con unos tataki uramaki, rollitos rellenos de tempura de langostino y cubiertos de atún, aguacate y sésamo, que estaban deliciosos. Seguimos con unos Kibuka Uramaki, muy parecidos al plato anterior, pero en este caso la anguila sustituía al atún y el salmón, al langostino.

Seguimos con el clásico sashimi, una excelente tempura de verduras y dos tipos diferentes de tallarines salteados -Yakisoba en japonés-. Comimos, hablamos, reímos y casi sin darnos cuenta tocaron las 12. Pedimos un par de postres y la cuenta. A 30€ por persona, la relación calidad precio me pareció correcta y muy recomendable para quienes gustan de comida japonesa adaptada al gusto europeo y de ambientes bulliciosos e informales.

Además, una de las grandes bazas que comparten los dos restaurantes Kibuka, es su ubicación. Se encuentran en pleno barrio de Gracia, rodeados de bares y locales nocturnos, por lo que continuar la velada sin tener que desplazarse es fácil. Nosotras optamos por tomar una copa en La Bagnoire, en la misma calle Verdi, donde tienen una excelente carta de ginebras y una decoración bohemia y acogedora, que invita a quedarse. Definitivamente, éste continúa siendo uno de mis bares favoritos en la zona. De hecho algunas de las ginebras que hemos ido incorporando a nuestro catálogo, las hemos probado en la Bagnoire.

 

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