Estas galletas, también conocidas como pan marinero o pan o bizcocho de barco, son una buena muestra de cómo la necesidad agudiza el ingenio. Sabemos que el pan fue un alimento fundamental e imprescindible en cualquier dieta a lo largo de los siglos. Pero al tratarse también de un alimento perecedero, se planteó el reto de intentar conseguir un tipo de pan que aguantase en condiciones aceptables las largas travesías transoceánicas iniciadas en el siglo XV. La solución fue la doble cocción para impedir la absorción de humedad.
Gracias a este método de conservación “natural”, estas galletas no se reblandecen. Al contrario, se mantienen crujientes durante un largo periodo de tiempo y además no se rompen, lo cual es una buena noticia cuando se trata de preparar canapés perfectos o acompañar quesos y patés. Además, se elaboran con materias primas ecológicas y no transgénicas. En definitiva, es más que recomendable guardar siempre un paquete de estas galletas marineras en la despensa.
Se pueden encontrar en tiendas gourmet especializadas. En Delinostrum las hemos incluidos en varias secciones: snacks y aperitivos, salsas y galletas para queso y, finalmente, salas y más para foies y patés.
Su ubicuidad da idea de lo versátiles que resultan estas galletas marineras. Por ello, también completan varias cestas de regalo gourmet con vinos, quesos o patés y otras delicatessen.
¡No solo irresistibles, si no también imprescindibles!
