Ha sido una casualidad increíble pero muy, muy agradable. Amigos y familia han coincidido esta Semana Santa en preparar menús muy marineros e incluso, en un par de ocasiones, la receta ha sido prácticamente la misma! Mucho tuvo que ver el hecho de que nos encontráramos en la zona del Alt Empordà y que fuera Semana Santa, unas fechas en las que, tradicionalmente, se ha comido más pescado que carne.
Empezamos el viernes a mediodía con un fantástico suquet que preparó Eveline con congrio, patatas y un sabrosísimo fondo de pescado, que estaba para chuparse los dedos. Disfrutamos de verdad con este aterrizaje tan premonitorio, culinariamente hablando.
Al día siguiente, habíamos quedado para comer en casa de unos amigos, cerca de l’Escala. A Xavi le encanta cocinar y fuimos la excusa perfecta para que se aventurara a preparar una magnífica paella de marisco. Sabía que era buen cocinero, pero en serio que, su paella, es de las mejores que he probado en mucho tiempo. Acompañamos el arroz con un vino blanco joven muy fresco de la zona de Cap de Creus, el Picapoll de las bodegas Martín Faixó elaborado con un 91% de uva de esta variedad y un 9% de Moscatell d’Alexandria. De postre hubo cata de buñuelos. Porque siguiendo con las casualidades, todos coincidimos en llevar buñuelos elaborados en diferentes localidades del Empordà. Todos tenían en común un toque distintivo a anís o matafaluga, como allí se le conoce.
El domingo amaneció con lluvia, pero, por suerte, el mal tiempo duró poco. A media mañana ya lucía el sol sobre la siempre espectacular bahía de Roses. El escenario ideal para disfrutar de otro menú exquisito a base de pescado. Jordi trajo berberechos que preparó al vapor y un turbot fresco espectacular proveniente de Galicia. Lo cocinó al horno con mucha maestría, por cierto, porque estaba al punto. Lo acompañó de patatas y verduritas asadas. Con esta magnífica comida, bebimos otro vino blanco local, el Mareny elaborado con Muscat y Sauvignon Blanc por las bodegas Espelt de Vilajuïga. El cava Privat Laietà Reserva lo reservamos para el postre, que consistió en una ligera y deliciosa coca de nata y más buñuelos. Y así cerramos un ágape exquisito.
El lunes despedimos la Semana Santa con un último encuentro culinario, esta vez, en casa de Paco y Ana. De primero nos ofrecieron platitos varios: sashimi de salmón y atún, gambas cocinadas a la sal y ensalada de habitas y jamón ibérico. Pero la sorpresa llegó con el segundo plato. Nos esperaba un gallo de San Pedro, típico de la zona, horneado y acompañado de patatas y verduritas asadas. Una receta muy similar a la que pudimos disfrutar el día anterior e igualmente deliciosa. Bebimos un albariño fresco y afrutado durante la comida. Con la tradicional mona de Pascua acabamos este fantástico periplo por tierras de Girona, en el que familia y amigos nos han mimado a cada momento. Pero, sobretodo, en la mesa. Gracias a todos!!