Experiencias y curiosidades gourmet

Archivo para Abril 2010

Un japonés muy desenfadado

30 Abril 2010

Edamame en su vaina

Nos conocimos por motivos profesionales hace ya unos años y las cinco congeniamos en seguida. Como la vida nos ha llevado por derroteros diferentes y no queremos perder el contacto, intentamos vernos cada 5 ó 6 semanas. Por lo general, la noche empieza con una cena en algún restaurante de la ciudad, que una de nosotras se ocupa, diligentemente, de escoger y reservar. Continua en cualquier bar de la zona en el que preparen gin tonics como dios manda. Y solemos cerrar la noche bailando en algún local de Barcelona.  

Está vez, Gala fue la encargada de escoger y reservar restaurante. Optó por un japonés. El Kibuka, situado en la calle Verdi de Barcelona y muy popular a juzgar por la larga cola que, pasadas las 10 de la noche de un viernes, se agolpaba en la puerta. Junto a nuestra mesa, comía un, por lo visto, famosísimo cantante español que, sinceramente, yo no reconocí hasta que, disimuladamente, Alicia tarareó su canción más popular.

Pero a lo que íbamos. Por cuestiones familiares, Gala conoce bien la comida japonesa y nos fue sugiriendo platos con mucho acierto. Para picar pedimos unos edamame, que al parecer en Japón toman como aperitivo acompañado de cerveza fría. Básicamente, son alubias de soja, hervidas dentro de su vaina y servidas con sal. Nos explicó Gala que constituyen un picoteo muy sano porque tienen un alto contenido en proteínas y vitaminas y casi nada de grasa. Vamos, nuestras aceitunas pero en versión light.

Después de éste ligero pre-calentamiento, llegaron los Uramaki –rollos con pescado y arroz-, que al parecer son la especialidad de este restaurante. Son una especie de makis a lo occidental, ya que, el alga, en lugar de cubrir el rollo, queda en la parte interior. Empezamos pues con unos tataki uramaki, rollitos rellenos de tempura de langostino y cubiertos de atún, aguacate y sésamo, que estaban deliciosos. Seguimos con unos Kibuka Uramaki, muy parecidos al plato anterior, pero en este caso la anguila sustituía al atún y el salmón, al langostino. 

Seguimos con el clásico sashimi, una excelente tempura de verduras y dos tipos diferentes de tallarines salteados -Yakisoba en japonés-. Comimos, hablamos, reímos y casi sin darnos cuenta tocaron las 12. Pedimos un par de postres y la cuenta. A 30€ por persona, la relación calidad precio me pareció correcta y muy recomendable para quienes gustan de comida japonesa adaptada al gusto europeo y de ambientes bulliciosos e informales.

Además, una de las grandes bazas que comparten los dos restaurantes Kibuka, es su ubicación. Se encuentran en pleno barrio de Gracia, rodeados de bares y locales nocturnos, por lo que continuar la velada sin tener que desplazarse es fácil. Nosotras optamos por tomar una copa en La Bagnoire, en la misma calle Verdi, donde tienen una excelente carta de ginebras y una decoración bohemia y acogedora, que invita a quedarse. Definitivamente, éste continúa siendo uno de mis bares favoritos en la zona.

Fresas pochadas: un postre de temporada, sencillo y delicioso

19 Abril 2010

Una manera deliciosa de preparar las fresas consiste en cocerlas lentamente en moscatel

Ayer, después de correr los 10 kilómetros de la Cursa dels Bombers de Barcelona, improvisamos una suculenta comida para reponer fuerzas. Me encantó el postre que en un momento preparó Ignasi: fresas pochadas en moscatel, acompañadas de helado de vainilla con nueces de macadamia.

Me fijé en cómo las preparaba y me pareció una receta sencilla y elemental, que permite darle un toque diferente a cualquier fruta de temporada.

Básicamente, puso un cazo al fuego y llevó unos 30 cl de moscatel a ebullición. Él utilizó el Sinols, un vino dulce aromático y complejo, elaborado con uvas moscatel de Alejandría. Cuando comenzó a hervir, vertió las fresas cortadas y dejó que se cocieran lentamente. Una vez las fresas comenzaron a adquirir una textura ligeramente blanda, apagó el fuego y las dejó que se enfriaran un poco. Finalmente, las colocó en un bol no muy hondo con un poco de jugo y añadió una bola de helado de vainilla con nueces de macadamía. En menos de 10 minutos, estábamos disfrutando de un postre fácil, delicioso y muy refrescante.

Barra de cata de aceites, un espacio para educar los sentidos

17 Abril 2010

Recordar, descubrir y comparar los mejores aceites de oliva que se producen en España es algo que te permite hacer cada edición de Alimentaria. Concretamente, la barra de cata de aceites de oliva instalada en el salón Olivaria reúne en un único espacio, unos ochenta aceites representativos y bastante diferenciados entre sí. Los hay monovarietales, coupage, verdes, maduros, orgánicos, acogidos a una denominación de origen o de pago. La lista es larga y hay para entretenerse un rato. Y precisamente, como la gran mayoría, tiempo era algo de lo que no íbamos sobrados durante nuestra visita a Alimentaria. Así que nos concentramos en catar los que ya conocíamos –sobretodo los que vendemos en nuestra tienda como el Pórtico de la Villa, La Boella Arbequina, el Dauro Empordà o el Oli de Pau- y buscar algún aceite que nos llamase la atención por su procedencia, variedad de aceituna/s utilizada, premios recibidos, etc.

La barra de cata de aceites reunió unos ochenta aceites de oliva virgen extra

Me interesé por los monovarietales, es decir, los que se elaboran con una única variedad de aceitunas. Resulta casi como un juego en el que tienes que adivinar a través de los sentidos, el tipo de oliva que contiene cada uno. Enseguida topé con un aceite cuyo aroma y sabor me remitieron a aceitunas empeltre. Era suave y frutado, aunque dejaba entrever unas notas verdes, y al paladar me resultó amargo como las olivas de esta variedad. Se trataba de un aceite que no conocía, el Gaieta, de la D.O. Terra Alta.   

Luego vinieron algunos arbequina, como L’Olivera, por citar alguno que recuerde. En este aceite se podían distinguir claramente las notas frutadas y dulces propias de esta variedad. Precisamente, cada vez existen en el mercado más aceites elaborados con arbequina, muy típica de Cataluña, lo que da buena cuenta de su popularidad.

Y otra variedad muy presente en esta barra de cata, fue, como no podía ser de otra manera, la Picual. Es la aceituna estrella de los campos de Jaén, la provincia española con más hectáreas dedicadas al cultivo del olivar. Entre otros, me gustó el Oro Bailén, por su aroma fresco a hierba verde  y su gusto ligeramente picante.

Nos entretuvimos más de lo esperado, pero la oportunidad de educar el olfato se lo merecía. Me pareció que algún aceite de los que probé había perdido alguno de sus matices. Tal vez  se debía al hecho de que fuimos muchos los que nos acercamos hasta allí e inevitablemente retiramos decenas de veces el posavasos que tapaba cada recipiente de cata transparente, dejando el aceite expuesto a los elementos ambientales. A pesar de ello, desde aquí consideramos que la barra de cata de aceites es una iniciativa brillante. No estaría nada mal que, de alguna forma, llegase al gran público como ya lo hacen las sesiones y cursos de cata de vinos.

Pascua con menús marineros

7 Abril 2010

Ha sido una casualidad increíble pero muy, muy agradable. Amigos y familia han coincidido esta Semana Santa en preparar menús muy marineros e incluso, en un par de ocasiones, la receta ha sido prácticamente la misma! Mucho tuvo que ver el hecho de que nos encontráramos en la zona del Alt Empordà y que fuera Semana Santa, unas fechas en las que, tradicionalmente, se ha comido más pescado que carne.

Empezamos el viernes a mediodía con un fantástico suquet que preparó Eveline con congrio, patatas y un sabrosísimo fondo de pescado, que estaba para chuparse los dedos. Disfrutamos de verdad con este aterrizaje tan premonitorio, culinariamente hablando.

Al día siguiente, habíamos quedado para comer en casa de unos amigos, cerca de l’Escala. A Xavi le encanta cocinar y fuimos la excusa perfecta para que se aventurara a preparar una magnífica paella de marisco. Sabía que era buen cocinero, pero en serio que, su paella, es de las mejores que he probado en mucho tiempo. Acompañamos el arroz con un vino blanco joven muy fresco de la zona de Cap de Creus, el Picapoll de las bodegas Martín Faixó elaborado con un 91% de uva de esta variedad y un 9% de Moscatell d’Alexandria. De postre hubo cata de buñuelos. Porque siguiendo con las casualidades,  todos coincidimos en llevar  buñuelos elaborados en diferentes localidades del Empordà. Todos tenían en común un toque distintivo a anís o matafaluga, como allí se le conoce.

El domingo amaneció con lluvia, pero, por suerte, el mal tiempo duró poco. A media mañana ya lucía el sol sobre la siempre espectacular bahía de Roses. El escenario ideal para disfrutar de otro menú exquisito a base de pescado. Jordi trajo berberechos que preparó al vapor y un turbot fresco espectacular proveniente de Galicia. Lo cocinó al horno con mucha maestría, por cierto, porque estaba al punto. Lo acompañó de patatas y verduritas asadas. Con esta magnífica comida, bebimos otro vino blanco local, el Mareny elaborado con Muscat y Sauvignon Blanc por las bodegas Espelt de Vilajuïga. El cava Privat Laietà Reserva lo reservamos para el postre, que consistió en una ligera y deliciosa coca de nata y más buñuelos. Y así cerramos un ágape exquisito.

El lunes despedimos la Semana Santa con un último encuentro culinario, esta vez, en casa de Paco y Ana. De primero nos ofrecieron platitos varios: sashimi de salmón y atún, gambas cocinadas a la sal y ensalada de habitas y jamón ibérico. Pero la sorpresa llegó con el segundo plato. Nos esperaba un gallo de San Pedro, típico de la zona, horneado y acompañado de patatas y verduritas asadas. Una receta muy similar a la que pudimos disfrutar el día anterior e igualmente deliciosa. Bebimos un albariño fresco y afrutado durante la comida. Con la tradicional mona de Pascua acabamos este fantástico periplo por tierras de Girona, en el que familia y amigos nos han mimado a cada momento. Pero, sobretodo, en la mesa. Gracias a todos!!