Detrás de esta delicia se encuentra la experiencia y tradición de la cuarta generación de una familia ganadera asturiana. Se trata de un queso con personalidad propia, como la tierra de donde proviene.
Elaborado con leche de vaca y cabra, se ha dejado madurar durante un mínimo de 30 días. Después, se ha ahumado con madera de manzanos, un árbol muy característico de la zona. El resultado es un queso de textura suave y un intenso aroma a ahumado, que se hace presente sutilmente en su sabor.
370 g aprox.